Cuando un pareja decide casarse, tras la emoción de los primeros momentos, las felicitaciones y el recuento de las semanas que restan para el día señalado, llega la hora de plantearse una pregunta quizás no muy romántica, pero no por ello menos importante: ¿y cómo se va a pagar todo? Aquellos afortunados que dispongan de medios, no necesitan ahondar en este artículo, pero para el resto de los mortales que no tenga más remedio, vamos a explicar las opciones que existen para pedir un préstamo.

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Lo primero que podemos pensar es en recurrir a nuestro banco de siempre, y pedir un préstamo personal. Al preguntar en una entidad financiera, se deben considerar varias variables:

  • En primer lugar, tenemos que tener claro cuánto necesitamos, y cuánto podemos pagar mes a mes, para que nos determinen el plazo temporal en el que tendremos que devolver el préstamo. Lógicamente, cuanto menor sea la cuota mensual, mayor será el plazo que se tendrá que poner, y más tiempo tardaremos en terminar de pagarlo.

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Antes de fijar la cantidad, repasa el artículo de “cómo ahorrar en tu boda” para conseguir que el importe sea el menor posible 😉

  • En segundo lugar, hay que negociar con el banco el tipo de interés. Aunque depende de cada entidad, hoy por hoy el margen suele oscilar entre un 6% y un 10%. Que dicho tipo esté más cerca del 6% o más cerca del 10% puede deberse a que tengamos más o menos “vinculación” con la entidad, esto es, que hayamos contratado anteriormente productos como seguros de vida, tarjetas, tengamos nómina domiciliada, etc. Y no solo afectará al tipo de interés, sino que a veces será requisito indispensable tener ya alguno o varios de ellos, o contratarlos adicionalmente para la concesión del préstamo.

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  • Y en tercer lugar, y no menos importante, hay que tener en cuenta el resto de comisiones asociadas al préstamo: la comisión de apertura, que suene oscilar entre un 0% y un 2,5%; y las comisiones de cancelación parcial o total del préstamo, que debemos intentar que sean lo más cercanas posible al 0% de interés, por si podemos cancelar antes la deuda, y así no tener que abonar más que el importe que nos quede en el momento de la cancelación, aunque en ocasiones este tipo puede llegar hasta el 2%.

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A pesar de toda la información sobre plazos y tipos de interés, a la hora de que nos decidamos por una u otra entidad para el préstamo, es muy interesante pedir que nos realicen una simulación del mismo, que incluya la tabla de amortización: así nos haremos una idea exacta de cuánto hay que pagar de mensualidad, y cuánto nos quedará por pagar del préstamo en cada momento. Si el banco no os facilita la simulación con la tabla de amortización, el Banco de España proporciona una utilidad simple que os podrá servir para un cálculo orientativo, y que podéis encontrar aquí.

Para estudiar la concesión del préstamo, nos van a pedir una serie de documentación. Normalmente consiste en la declaración de la renta del último ejercicio, las últimas nóminas, y nuestros contratos de trabajo o vidas laborales, para que puedan comprobar que se disponen de ingresos constantes y suficientes con los que afrontar los pagos. Adicionalmente, nos pueden solicitar una garantía, es decir, un bien, generalmente una casa. Esto no significa que el préstamo vaya a conllevar una hipoteca, sino que para apoyar esa solvencia y capacidad de pago, alguien de la pareja deberá poseer un bien, y si es libre de cargas, es decir, si no está hipotecado, mejor. Por otro lado, si no disponéis de ningún bien, o si la capacidad de pago (nuestros ingresos) no es la suficiente, nos pueden pedir avalistas: personas a las que reclamar el pago del préstamo en caso de no poder hacer frente nosotros a las cuotas mensuales.

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Por último, una vez que el préstamo está concedido, es habitual que en importes por encima de 3.000 euros, dicho préstamo tenga que ser “intervenido”, es decir, que deberá firmarse ante un notario, lo cual implica un coste adicional que va en función del importe concedido y de la notaría, pero que suele rondar entre los 30 y los 100 euros.

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Si recurrir a un banco nos da reparo o si no queremos tanto papeleo, existen otras opciones de financiación que hay que tener en cuenta, como es recurrir a tarjetas de crédito o préstamos rápidos concedidos por empresas financieras como Cetelem, Cofidis, Banque PSA finance, o Carrefour, entre otras. Estas empresas ofertan préstamos de hasta 30.000 euros con muchas menos exigencias documentales y en menos tiempo, pero, a cambio, los tipos de interés son más elevados y por tanto, las cuotas mensuales se incrementan. Hay que tener cuidado con este tipo de préstamos y que nos expliquen muy bien cuál es la comisión de apertura, que suele estar por encima del 2%, y ver el tipo de interés que nos aplican mes a mes, que puede ser de hasta el 23% (recordemos que en el caso de los bancos el intervalo es del 6% al 10%). Como se ha comentado antes, puede ser una opción si no se cumplen las condiciones de un banco, que son siempre más exigentes a la hora de prestarnos dinero.

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En cualquier caso, la recomendación es informarse bien de todas las condiciones y comparar entre entidades para encontrar aquella que se adapta más a nuestras necesidades. Sabemos que estos temas son duros, pues implican calcular cifras, negociar, y consultar mucho con la almohada, pero esperamos que estos pequeños consejos os sirvan de ayuda para hacer realidad vuestro sueño y poder así organizar una bonita celebración con las mejores condiciones económicas posibles.

Autor

Eva Maria Valdenebro

Subdirectora de entidad bancaria.

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Fundadora y CEO de La Perfecta Prometida.

Aurora Espartero
Con una formación multidiscilplinar (psicopedagoga, licenciada en actividad física y deporte y con máster en dirección del turismo ( y formación específica en wedding planner ), estoy especializada en eventos trabajando en el sector hace más de 12 años. Me gustan mucho los retos, planificar, el contacto humano y disfrutar cada momento al máximo.
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