Historia de La Perfecta Prometida.

Dicen que el día de la boda es el más feliz de tu vida. Pero, ¿y si ese mismo día, a la vez, marcase tu historia, en mi caso, la historia de La Perfecta Prometida? ¿Y si existiese una fecha clave en tu vida donde ocurren las cosas importantes?

No es de extrañar que siempre me hayan gustado los impares. Ha sido el 3 del 5 el día que, sin planearlo, ha resultado más relevante y repetitivo de mi aventura.

Fue un 3 de mayo cuando comencé a trabajar en una empresa que pensé sería mi trabajo ideal. Tenía todo lo que podía desear y autonomía para crear y dirigir. O, al menos eso pensé cuando comencé allí. Después de muchos años asumiendo cada vez más responsabilidades descubrí que había tocado techo. También me di cuenta de algo que me gustaba mucho y que tuve la suerte de poder desarrollar en mi puesto: organizar eventos.

Ya de adolescente apuntaba maneras y organizaba fiestas que eran el terror de las vecinas. No fue en ese momento cuando me percaté de que esa era una profesión en sí misma y que, aunque complicada, era una actividad que me llenaba de ilusión y que podía hacer la vida más alegre a muchas personas. Pero sí que plantó esa semilla que años más tarde llegaría a florecer.

 

 

Pasaron los años y otro 3 de mayo mágico llegó a mi vida. El de mi Boda.

Me casaba con un marino que nunca sabía cuándo estaría en tierra y cuando embarcado,

lo cual nos hizo organizar la boda en pocos meses. Aprendimos a lidiar (y hasta aprovechar)

la incertidumbre, a ser pacientes y a resolver la vida mientras iba pasando.

Yo, acostumbrada a organizar eventos, desde el primer momento asumí que organizar la boda

sería coser y cantar. Qué equivocada estaba.

Me hacía muchísima ilusión encargarme de todo, sí, pero, realmente, nunca me había casado…

No sabía ni por dónde empezar.

Buceé en internet encontrando retazos que no sabía cómo hilar, ¿no existía un orden, unas pautas

que alguien pudiese compartir conmigo? Desde cómo programarlo todo hasta cómo montarme yo

mismita la decoración… Nada de nada.. Vídeos sueltos en YouTube con detalles de invitados y post

en directorios de bodas que me sabían a poco.

Me preguntaba si esto les había pasado a todas esas amigas que ya se habían casado (fui la última de mi grupo) y la respuesta fue unánime: “Esto es lo que hay”.

Parecía que organizar una boda entrañaba estrés, tareas añadidas a nuestra ya dura vida laboral y discusiones con tu pareja por ocuparte de más o menos cosas. Aspectos que para nada imaginaba antes de embarcarme en este follón. Pero, ¿casarse no era algo maravilloso?

Me asustaba pensar que el recuerdo que fuese a tener de un día tan especial en mi vida donde prometería a mi pareja amor eterno se limitase a “pasar como pudiese” el trago. A desear que cada día de todos esos que precedían a la boda sucediesen rápidos para que llegase ya el esperado. No quería desear que mi boda pasase para volver a ser feliz. Quería ser feliz preparando mi Boda.

Para sortear estos obstáculos ideamos nuestros talleres clandestinos de los jueves.

Cada jueves invitábamos a amigos y familiares a formar parte de la preparación de nuestra boda. Cada jueves planificaba en casa un apartado de la boda que resolveríamos y todo el que quisiese podía ayudarnos y ser parte de la organización de nuestro gran día. Como perfecta anfitriona yo no sólo tenía dispuesto el material que íbamos a utilizar y las instrucciones que daría a todo aquel que acudiese sino que preparaba una suculenta merienda. Y no contentos con eso, cuando terminábamos, nos íbamos a algún bar cercano a tomar algo. Los jueves se convirtieron en mi día favorito de la semana. Avanzábamos en la boda y compartíamos risas y vivencias con nuestros seres queridos. Sin duda, fue la época más “social” de nuestra vida, los meses que más nos relacionamos y compartimos con nuestros amigos.

Así convertí lo malo en bueno, lo incordiante en deseado, lo negativo en positivo.

 

Tras la boda el rum, rum de lo que había pasado aún me perseguía… Se podía pasar bien planificando la Boda. No tenías por qué rendirte ante la angustia y el estrés de no llegar a todo mientras la estabas preparando. Ese era un periodo maravilloso que todos debían conocer. Quería gritar al mundo que organizar la boda podía ser algo fantástico y que recordarían para siempre.

 

 

Seguimos con la historia de La Perfecta Prometida:

 

Justo pasaron dos años hasta que me armé de valor y me arrojé a la piscina. Justo un 3 de mayo, sí. Justo ese día 3 dejé mi trabajo después de 12 años apostando por la misma empresa y me fui a Madrid a crear mi marca.

 

Me di cuenta de lo que podía hacer por el mundo y por el amor. No sólo había tenido esta vivencia extraordinaria sino que contaba, además, con doce añazos de experiencia, decenas de eventos a mis espaldas y una maleta con conocimientos que me harían crear el mejor espacio de todos para ayudar a los novios a organizar sus bodas. Tenía que compartir esta visión y ayudar a que todo el que quisiese pudiese disfrutar de su boda tanto como lo hice yo.

Y tenía que hacerlo en otro lugar, no en mi ciudad, mucho más anticuada y tradicional para la idea que traía: el primer club social de novios. Mi objetivo estaba claro: todos los prometidos/as del mundo se merecían tranquilidad, seguridad y confianza a la hora de preparar su boda.

 

Parecía que Madrid era mi ciudad natal. No tardé nada en adaptarme al bullicio y alegría de Malasaña (donde no sólo elegimos vivir sino montar el club de novios). Rápidamente hice amistades, conocí a colaboradores, inicié proyectos y creé “La Perfecta Prometida”. Descubrí que los inicios en un sector nuevo son duros pero qué no lo es en realidad en la vida. Aquí fue donde empezó la historia de La Perfecta Prometida.

Sentí el deseo de tener una comunidad no ya de emprendedores (conocí a muchos en mi primer año) sino de personas que se dedicaran a lo mismo que yo, de wedding planners que compartiesen sus miedos, avances y progresos. Y como no podía ser de otra manera, y al igual que con el Club de novios, como no existía, lo creé yo. El “Club de wedding planner” comenzó con mi andadura nupcial y cada día sigue creciendo más e incorporando a tantas compañeras deseosas de compartir y progresar.         .

 

Es así como los 3 de mayo han ido definiendo mi destino.Cómo se ha convertido en  ese día especial  que todos queremos que nos marque. Como he convertido en mágico los que no tenía por qué serlo.  

Tú también puedes convertir la fecha de tu boda en ese día especial de tu vida. Tú, como protagonista de tu historia, eliges los días que quieres que signifiquen algo. Tus días importantes. Sólo tienes que desearlo ¿Te atreves a hacerlo?

Si quieres conocer un poco más al equipo de La Perfecta Prometida pincha aquí.